domingo, 6 de agosto de 2017

EN LA PLAZA Y ANTE EL TORO

Por Paco Gallardo



Los Mercaderes en el templo.
Ese es el toreo. En la arena y ante el toro, expresión tácita que el público de cada plaza bendice o no con su presencia. El aficionado no, irá al templo por encima de su gestión, volverá a soñar el rito, aunque los regidores lo sigan proponiendo desvirtuado. 
Triunfar ante el toro y ante el público, el que debería de servir para reeditarse, por lo menos en la misma plaza, pero no vale para nada en la inmensa mayoría de los cosos, aunque mentira nos parezca, existen excepciones.
 Son los intereses empresariales y crematísticos los que regulan la inscripción en los carteles de cualquier feria de un Torero. Lo más principal es pertenecer al trust económico de los empresarios que han conseguido la gestión de la Plaza, así la comisión, el porcentaje de representación, como tanto otros intereses directos e indirectos quedan en la caja de casa.
Álvaro Passalacqua, de la ET de Málaga, soñando el toreo con un eral. Foto de JM Fernández.

¡Qué gran desmotivación sufre cualquier matador que tenga la inmensa suerte de llegar a tomar la alternativa! Es la inmensa cornada del entramado empresarial a la fiesta, cornada a la importancia de lo que se haga en la arena, ante el público de cada plaza y en el momento de la verdad. Es la cornada, la embestida empresarial que sufre el Toreo. La cornada es sangrante y mortal de necesidad, sólo es cuestión de tiempo. La misma que de milagro,  no se llevó a ese inmenso y puro Pepe Luis Vargas, que lleno de duda por la vida, en brazos de la asistencias que suspiraban por llegar a tiempo a la enfermería se preguntaba ¿Tanto luchá pa ná?

Pepe Luis Vázquez y el milagro del toreo

No existe posibilidad para ningún atisbo de independencia en el entramado taurino. Es la libre competencia y la independencia de los estamentos, principios de la fiesta, los que hicieron a Juan Belmonte ante los gritos de la afición que reclamaban: ¡los dos solos!, en alusión a Gaona y Gallito en la Vieja Plaza de Madrid, realizar ante un Concha y Sierra la faena de su vida, o tantas otras que han sido hitos en la evolución de esta manifestación cultural que descansa en la emoción y en la competencia.
Belmonte en el ajuste, el asiento y la superación que da la competencia en el ruedo.

  ¿Para qué las consabidas discusiones de trofeos que tantas energías y comentarios concentran? o  ¿premios o reconocimientos de la afición?
Sin ir más lejos, es ya larga tradición y con ello una anormalidad admitida, la entrega año tras años del premio del toro de la feria a una ganadería que rara avis es capaz de repetir su presencia en el ruedo de los malagueños. La pasada edición se premiaron un Toro de Santiago Domecq dentro del “Desafío Taurino Ciudad de Málaga” y otro de Torrealta por el Colegio de Veterinarios de la ciudad, no aparecen esas divisas en los carteles que están en las calles; el año anterior se premia por unanimidad a un toro de Torrestrella, con el que no está a su altura un torero del oligopolio del momento que si repite para la siguiente edición. Y así año tras año.

Camára camina con la fuerza que le da Manolete, diseña una figura nueva, el apoderado todopoderoso, que terminará superando la iniciativa del propio matador. Algo muy lejano de lo que le contara Gallito de la nueva fiesta en aquellos largos trayecto en tren.

Con los coletudos pasa igual, especialmente si es independiente. Este año nos quedamos con las ganas de ver a nuestro paisano Fortes, triunfador de la edición pasada, sin poder competir nada más que con el mismo.
Si no apostamos por el toreo nos traicionamos, especialmente los que creemos y seguimos creyendo en él pese a que el timón de la Fiesta está en manos de mercaderes que se apropiaron del templo. Lobos que afirman guardar el rebaño. Defender con pasión una bandera,  no se engañen, nunca ha sido coherente con el interés de la cartera. Mal hacemos entregando los templos, nuestras plazas, a la pléyade de mercaderes.



Presentación del premio que otorga el ayuntamiento para 2017