domingo, 3 de abril de 2016

CRECER CUATRO DEDOS

CRECER CUATRO DEDOS

Por Paco Gallardo


Enrique Vargas “Minuto”, gran Torero sevillano, porque los hombres jamás se miden por la talla, quizás por su corazón y su capacidad de entregarlo;  el pequeño “Minuto” en una época, como en todas, muy difícil, era muy grande a pesar de su corta estatura.
Una tarde, tras su reciente alternativa, compartía cartel por primera vez con el polifacético y enorme estoqueador Luis Mazzantini, un astro de los ruedos en su mayor fulgor. Cuando los presentaron envueltos en sus capotes de paseo antes de la refriega, exclamó el apuesto y seguro Don Luis, con la solvencia que da la superioridad: ¡Lástima que no tenga usted cuatro dedos más de estatura!
Luis Mazzantini

Con el santo de cara toda la tarde, que en el toro es mucho de cómo se comporta el ganado, estuvo inmenso el sevillano, borró esa tarde al espada guipuzcoano y  terminada la corrida con los mismos capotillos de seda en la mano, se empinaba Minuto recordando los cuatro dedos que le faltaban:
-¡Don Luis, me han sobrado cuatro dedos!-

Cuatro dedos crecimos los Aficionados Prácticos que compartimos el día de San José con los dos Maestros: Pepe Luis Martín y Pepillo de Málaga. Los crecimos en conocimientos y en amor a la fiesta que nos transmitieron estos enormes Profesionales y Artistas. Quisieron entregarnos el día de su onomástica y compartir el día del padre con nosotros. Una jornada muy familiar donde la tertulia igualaba en emoción a la importancia de la erala que tuvo poder y genio.

Repasamos diferentes épocas del toreo y de sus carreras, con la misma franqueza y naturalidad que los dos Toreros ofrecieron el pecho en el encuentro con la suerte y con la vida. Disfrutamos de anécdotas y de opiniones, y especialmente de su amistad. De poca importancia queda que Ángel Gil, un nuevo fichaje, sin rodaje ninguno, tuvo toda la suerte de cara y salió indemne, gracias a su enorme valor y al amparo del Maestro Pepe Luis, que Carlos Barrera una vez más, me mojó la oreja en dar los más templados y ceñidos muletazos y que yo le espero para cuando salga la buena o que Paco Guerrero nos auxiliara con la inteligencia y conocimiento que demuestra con su colocación en el ruedo.
Crecimos más de cuatro dedos entre estos dos gigantes que nos abrieron su corazón y que no pararon de señalar un camino que ellos recorrieron en el Toro, el de la honradez, el del sentimiento, la naturalidad y el de la afición. Gracias Maestros.